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El cliente trae la refacción. ¿Quién carga con el riesgo?

Por Gustavo Huicochea Hernández. Reevo.

Aceptar una refacción proporcionada por el cliente no es, por sí mismo, una mala práctica. El problema aparece cuando el taller la recibe como si su única responsabilidad fuera instalarla. Después, si algo sale mal, intenta aclarar quién debía responder por cada cosa.

La pieza puede venir de internet, de una refaccionaria que conoce el cliente o de otro vehículo del que se recuperó el componente. También puede ser una compra que el cliente hizo antes de llegar al taller.

En cualquiera de esos casos cambia quién eligió y compró la refacción. Lo que no desaparece es la responsabilidad profesional del taller sobre aquello que sí controla.

La regla Reevo es sencilla: la refacción del cliente puede aceptarse si llega junto con el vehículo y queda documentada. Esto no modifica el precio ni el estándar de la mano de obra. Tampoco significa que el taller deba responder por el proveedor al que compró el cliente.

La obligación de trabajar bien sigue siendo la misma. Lo que cambia es qué le corresponde a cada parte.

Recibir la pieza no significa aceptarla a ciegas

Una caja cerrada no debe convertirse en una instrucción que el taller tenga que cumplir sin revisar.

Antes de desmontar, conviene identificar, hasta donde sea razonablemente posible, qué pieza se recibió, su marca, número de parte y estado. También hay que revisar para qué vehículo o versión se indica su uso y si presenta diferencias visibles respecto a lo que se necesita.

Esta revisión no significa que el taller asuma la responsabilidad de haber elegido al proveedor. Significa que conserva su criterio profesional sobre lo que va a instalar.

Si la pieza es claramente incompatible, está dañada o incompleta, no debería instalarse sólo porque el cliente ya la pagó. Lo mismo ocurre si no permite hacer una reparación cuyo resultado el taller pueda respaldar.

La frase “usted la trajo” no convierte una instalación incorrecta en una instalación aceptable.

En algunos trabajos sólo es posible confirmar que la refacción corresponde después de desmontar. Esa duda debe explicarse antes de ocupar el espacio de trabajo o la rampa.

El cliente necesita saber qué ocurrirá si la pieza resulta incorrecta, falta algún componente o hay que esperar otra refacción.

La mano de obra no vale menos porque la pieza venga de afuera

Aunque el cliente proporcione la refacción, el taller sigue destinando tiempo del técnico, herramientas, información e instalaciones. También debe realizar el control de calidad, la prueba final y responder por la ejecución del trabajo.

Por eso, la mano de obra no debería abaratarse automáticamente cuando el cliente trae la pieza.

El precio debe corresponder al trabajo que se realizará y a los recursos que necesita, no al lugar donde se compró el componente.

Además, recibir una pieza comprada fuera del taller puede agregar tareas: identificarla, revisar lo que se pueda comprobar, almacenarla y atender posibles faltantes. También exige explicar con claridad las responsabilidades de cada parte.

El taller no tiene que castigar al cliente por traer su refacción. Pero tampoco debe reducir artificialmente su tarifa y absorber con ese descuento el trabajo y el riesgo adicionales.

La garantía de la pieza y la garantía del trabajo son distintas

Cuando el taller compra una refacción a través de sus proveedores, participa en esa decisión comercial. Por eso puede coordinar la atención con el proveedor, las devoluciones, la garantía y la recuperación de costos.

Cuando el cliente compra directamente, la relación comercial con ese proveedor le corresponde al cliente.

Eso no elimina la garantía de la mano de obra.

Si el problema se originó en una instalación incorrecta o en un daño causado durante el trabajo, el taller responde por su ejecución. También debe responder si aceptó, por descuido, una condición que profesionalmente debía detectar.

La situación es distinta cuando la pieza falla por un defecto propio o porque fuera del taller se eligió una refacción que no correspondía. Si la causa no es atribuible al trabajo del taller, desmontarla e instalar otra pieza constituye un nuevo servicio.

El taller no debe cobrar de nuevo para corregir su propio error. Tampoco debe absorber automáticamente la mano de obra de una garantía comercial que no vendió. Esta es la distinción que establece la política Reevo.

Por eso, la pregunta correcta no es solamente “¿quién trajo la pieza?”. Es “¿qué causó el regreso del vehículo y qué parte de esa causa estaba bajo responsabilidad del taller?”.

No aceptes ni rechaces una garantía antes de revisar la causa

Cuando el vehículo regresa, saber que el cliente compró la refacción no debería provocar una respuesta automática.

No basta con decir “como usted la compró, no hay garantía”. Tampoco corresponde asumir que “como nosotros la instalamos, todo es responsabilidad del taller”.

Primero hay que investigar qué ocurrió.

¿La refacción correspondía al vehículo y al trabajo? ¿Tenía un defecto propio? ¿La instalación respetó el procedimiento y las especificaciones?

También hay que revisar si otra condición del sistema dañó el componente y si la falla actual realmente está relacionada con el trabajo original.

Sólo después de esa revisión se puede determinar qué responsabilidad corresponde a cada parte.

La evidencia protege tanto al cliente como al taller. Evita que una suposición basada en quién compró la pieza se utilice como si fuera un diagnóstico técnico.

Si una pieza incorrecta ocupa la rampa, el costo debe estar definido de antemano

Una de las situaciones más costosas ocurre cuando el vehículo ya está desmontado y entonces se descubre que la refacción no corresponde o está incompleta.

También puede suceder que la pieza necesaria vaya a llegar varios días después. Mientras tanto, el vehículo ocupa espacio, puede bloquear una rampa y obliga a reorganizar otros trabajos.

Ese costo no debería inventarse cuando el problema ya ocurrió.

En la política Reevo, una pensión o cargo por la permanencia del vehículo debido a incompatibilidad, faltantes o demora de la refacción puede tener como referencia entre $90 y $100 por día. La propia política condiciona su cobro a que el cliente haya sido informado y lo haya autorizado previamente.

El importe puede ajustarse a las condiciones económicas de cada taller. Lo importante es que la regla exista antes del conflicto y que el cliente la conozca.

No se trata de sorprenderlo con un cargo, sino de explicar desde el principio qué pasará si la refacción impide continuar el trabajo.

Documenta quién aportó qué y en qué condiciones

La orden de servicio debe permitir reconstruir lo que se decidió. Escribir únicamente “cliente trae pieza” no es suficiente.

Conviene conservar una fotografía, los datos disponibles para identificar el componente y el estado en que se recibió. También debe quedar claro quién lo proporcionó, qué se pudo comprobar antes de instalarlo y qué dudas quedaron pendientes.

Además, hay que registrar qué aceptó el cliente respecto a los tiempos y al alcance del servicio.

La documentación no termina al recibir la refacción. También debe existir evidencia de cómo se realizó el trabajo y de la prueba final.

RMX Control puede ayudar a mantener esos registros dentro de la misma orden. Así, una reclamación posterior no depende de la memoria, de mensajes dispersos o de distintas versiones de una conversación.

Documentar no sirve para crear una excusa que elimine toda responsabilidad. Sirve para identificar qué decidió cada parte y qué evidencia demuestra lo que ocurrió.

El taller todavía puede decir que no

Aceptar refacciones del cliente es una política comercial. No significa comprometerse a instalar cualquier componente.

Rechazar la instalación puede ser la decisión profesional correcta si la pieza compromete la seguridad, no puede identificarse razonablemente o exige trabajar fuera del procedimiento. También puede ser necesario rechazarla si el taller no tiene forma de comprobar el resultado.

Lo mismo ocurre cuando la pieza disponible impide respaldar la garantía del trabajo o cuando continuar exige aceptar una condición que el taller no está dispuesto a sostener.

El cliente conserva la libertad de elegir dónde compra.

El taller conserva la responsabilidad de decidir qué trabajo está dispuesto a realizar y respaldar.

Revisa cinco casos en los que el cliente llevó la refacción

Toma las últimas cinco órdenes con componentes proporcionados por el cliente y reconstruye lo que ocurrió.

Comprueba si la pieza llegó junto con el vehículo y si quedó identificada y fotografiada. Revisa también si se explicó la diferencia entre la garantía de la refacción y la garantía de la mano de obra.

Después verifica si existía una regla previa para los casos en que la pieza no correspondiera y si la prueba final quedó documentada.

Si alguno de esos vehículos regresó, revisa cómo se atendió: ¿se investigó la causa o se decidió quién debía responder sólo por quién había comprado la pieza?

Si el equipo no puede contestar esas preguntas con la orden enfrente, el problema no está simplemente en aceptar refacciones del cliente.

Está en aceptar una situación que el taller todavía no sabe administrar.

La responsabilidad se divide por causa, no por conveniencia

Una política profesional no necesita prohibir todas las refacciones que proporciona el cliente. Tampoco necesita asumir todo lo que ocurra después de instalarlas.

Necesita distinguir quién eligió y compró la pieza, si corresponde al vehículo y en qué estado se recibió. También debe separar la responsabilidad por la ejecución, la prueba final y la garantía.

Cuando esas condiciones se explican antes de desmontar, el cliente entiende qué servicio está comprando y el taller puede respaldar lo que realmente controla.

En Reevo ayudamos a los talleres a convertir estas situaciones en políticas operativas claras.

Así, la recepción, la ejecución, la garantía y el cobro no tienen que resolverse sobre la marcha cuando aparece un conflicto.

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Herramienta para definir la responsabilidad antes de instalar

Próximamente: Matriz de refacción aportada por el cliente.

Permitirá registrar quién proporciona la pieza, la información disponible para confirmar que corresponde al vehículo y las condiciones en que se recibe.

También incluirá las dudas pendientes, la política de almacenamiento, el alcance de la mano de obra y la evidencia de instalación.

Finalmente, establecerá el criterio para clasificar un regreso según su causa, no sólo según quién compró la refacción.

En Reevo Consultoría Automotriz ayudamos a los talleres a convertir la atención, la explicación y la decisión del cliente en un proceso visible, con responsables, evidencia y una siguiente acción. RMX Control relaciona la agenda, la capacidad, la preparación, la promesa y la comunicación para que el cliente no tenga que perseguir al asesor para saber qué ocurre. Hablemos.

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