Por Gustavo Huicochea Hernández. Reevo.
Tener más inventario no siempre significa estar mejor preparado. A veces significa que el taller convirtió dinero disponible en piezas que quizá no necesitará durante meses.
El error contrario también cuesta. Quedarse sin un filtro, un tornillo, un consumible o una refacción que se utiliza con frecuencia puede detener un servicio completo, aunque esa pieza valga poco.
Por eso, no conviene administrar todo el inventario con una sola regla ni con una clasificación que nunca cambia. El stock —la cantidad de unidades que mantienes disponibles— debe responder al comportamiento de cada artículo.
Para cada número de parte necesitas definir un máximo, un mínimo y un punto de reorden. Esas decisiones dependen de cuánto se utiliza, cuánto espacio ocupa, cuánto cuesta, a qué vehículos corresponde y cuánto tarda realmente en reponerse.
El objetivo no es llenar el almacén. Es tener lo necesario para que el trabajo avance, sin comprar existencias que un proveedor podría mantener disponibles de mejor manera.
ABC puede orientar. El taller necesita reglas que cambien con la realidad
Clasificar los artículos en grupos A, B y C ayuda a reconocer que no todos necesitan la misma atención. El problema aparece cuando la letra asignada importa más que lo que realmente ocurre con la pieza.
Dos productos pueden estar en una misma categoría y necesitar decisiones distintas. Uno puede salir del almacén cien veces al mes y ocupar poco espacio. Otro puede costar mucho, venderse una vez al trimestre y conseguirse con un proveedor en veinte minutos.
En Reevo llevamos esa clasificación a decisiones concretas. Revisamos la rotación: con qué frecuencia una pieza sale del almacén para atender los servicios.
Si se utiliza más, tarda más en reponerse, corresponde a muchos vehículos u ocupa poco espacio, hay que ajustar sus niveles de existencia. También importa si su falta detendría varios trabajos.
En cambio, si disminuye la demanda, el costo es alto o el proveedor puede entregar de inmediato, conviene reducir lo que el taller mantiene en su propio almacén.
La clasificación sirve como referencia. Lo que cambia la operación es decidir cuánto guardar y cuándo volver a pedir: máximo, mínimo y punto de reorden.
El máximo lo define la rotación, pero también el espacio y el capital
El máximo es la cantidad más alta que decides mantener de un artículo. Un filtro de aceite que se utiliza mucho, ocupa poco espacio y corresponde a varios modelos puede justificar un máximo relativamente alto.
Guardar esa misma cantidad de baterías, horquillas o componentes voluminosos puede ocupar demasiado espacio.
Por eso, el máximo no se calcula únicamente con la pregunta “¿cuánto vendemos?”. También hay que revisar el espacio que ocuparán esas piezas, el dinero que quedará invertido en ellas y la facilidad para conseguirlas de nuevo.
Si un artículo se utiliza con frecuencia y cabe fácilmente, aumentar su máximo puede evitar que el trabajo se detenga.
Si se utiliza igual de seguido, pero ocupa demasiado espacio o compromete mucho dinero, quizá convenga recibir entregas más frecuentes en lugar de almacenar más unidades.
El espacio también ayuda a producir. Llenarlo con piezas que no necesitan estar ahí puede obligarte a guardar lo más útil en lugares menos adecuados.
El mínimo puede ser uno. También puede ser cero
No necesitas mantener una pieza costosa y de poco movimiento sólo por costumbre.
Si atiendes con frecuencia una familia de vehículos y cierta refacción se necesita de manera repetida, puede tener sentido conservar una unidad. Después de cada venta, compras otra para reponerla.
Pero si esa demanda empieza a desaparecer, el mínimo puede bajar hasta cero.
Ese ajuste debe apoyarse en los vehículos que realmente llegan a tu taller.
Supongamos que antes atendías muchos modelos 2001 y ahora casi no recibes unidades anteriores a 2005. Seguir reponiendo piezas específicas para aquellos vehículos puede dejar dinero detenido en una demanda que ya cambió.
El mínimo no significa que siempre debas tener algo. Es la cantidad que necesitas conservar para sostener el trabajo que todavía existe.
El punto de reorden compra tiempo
El punto de reorden es el nivel de existencias que indica cuándo debes hacer un nuevo pedido. Debe activarse antes de llegar al mínimo necesario para operar, con tiempo suficiente para que el proveedor reponga lo que se consumirá.
Si el proveedor entrega el mismo día y suele tener disponibilidad, ese punto puede ser bajo. Si tarda varios días, tiene faltantes frecuentes o depende de paquetería, necesitas pedir antes.
La misma refacción puede necesitar un punto de reorden distinto cuando cambia el proveedor, aumenta o disminuye su consumo, o cambia la frecuencia con la que llegan los vehículos que la utilizan.
No se trata de copiar una cifra. Se trata de conservar suficientes unidades para cubrir el consumo probable mientras llega la reposición.
Un proveedor confiable puede sustituir parte del inventario propio
No todo lo que necesitas tener disponible debe estar físicamente dentro del taller.
Si una refaccionaria cercana mantiene existencias, responde rápido y cumple sus tiempos, puedes apoyarte en ella en lugar de comprar las mismas piezas para guardarlas.
También pueden existir acuerdos de inventario en consignación o administrado por el proveedor. Son opciones para mantener disponibilidad cerca del taller sin que toda la inversión tenga que salir del negocio desde el principio, según las condiciones acordadas.
Negociar con proveedores también ayuda a administrar el inventario. La frecuencia de entrega, la reserva de piezas, las condiciones de pago, la reposición programada y las devoluciones pueden ser más valiosas que un descuento por unidad.
También importa qué disponibilidad se compromete a mantener el proveedor.
El mejor inventario puede ser el que sabes conseguir de manera confiable sin tener que comprarlo antes de necesitarlo.
No pienses siempre en un solo proveedor para cada pieza
Cuando el refaccionista sólo conoce a los mismos tres o cinco proveedores, un faltante se convierte rápidamente en “no hay”.
El directorio debe ofrecer alternativas en distintos niveles. Primero, proveedores cercanos que resuelvan rápido; después, opciones dentro del municipio o la región. También debe incluir proveedores del estado y alternativas nacionales confiables para piezas de aplicaciones especiales.
Así puedes distinguir entre una pieza que realmente necesitas guardar para prevenir un faltante y otra que no se consigue porque el taller ha buscado en muy pocos lugares.
No esperes a tener el vehículo detenido para investigar quién vende la refacción. Un directorio bien preparado también aumenta tu capacidad para resolver.
La compatibilidad cambia cuánto stock tiene sentido
Un tornillo, sello, clip, filtro o consumible que corresponde a muchos de los vehículos que atiendes puede justificar más unidades disponibles, aunque cada una cueste poco.
La compatibilidad aumenta las oportunidades de utilizarlo. Una pieza exclusiva de un modelo requiere más cuidado al decidir cuánto comprar. Una que sirve para cinco o diez modelos frecuentes tiene más posibilidades de venderse pronto y recuperar el dinero invertido.
Esto también exige revisar cómo cambia el conjunto de vehículos que recibes. Si empiezan a llegar otros modelos, deben revisarse los máximos, los mínimos y los puntos de reorden.
El inventario debe responder a los clientes y vehículos que atiendes hoy, no a los que atendías hace cinco años.
Una promoción del proveedor sólo es buena si vas a utilizar lo que compras
Comprar diez piezas a un mejor precio por unidad puede ser una buena decisión si los registros muestran que se utilizarán pronto. También necesitas espacio y un ahorro que compense el costo de mantener ese dinero invertido en existencias.
La misma promoción puede ser mala si te obliga a guardar durante años una pieza para vehículos que casi nunca recibes.
Por ejemplo, si una refacción de poco movimiento sube doscientos pesos mañana, puedes comprarla entonces y considerar ese nuevo costo al cotizar su venta.
Eso suele ser preferible a mantener dinero invertido durante meses en una pieza que quizá no se necesite, sólo por temor a un aumento futuro.
Un precio bajo sin movimiento no es ahorro. Es dinero atrapado con una etiqueta de promoción.
La variación de precio puede cambiar la compra, pero no debe inventar demanda
En productos que se utilizan mucho, una buena oportunidad de compra puede justificar aumentar temporalmente el máximo. Para hacerlo, debes comprobar el consumo, contar con espacio y prever que las piezas saldrán en un plazo razonable.
Los cambios de precio no sustituyen la evidencia de uso. Una oferta extraordinaria en un componente que casi nunca necesitas sigue siendo una mala razón para llenar el almacén.
Primero demuestra que la pieza se utiliza y se vende. Después evalúa si el descuento, la variación de precio y las condiciones del proveedor justifican comprar más.
El inventario se ajusta con datos del sistema y se comprueba en el almacén
Una vez al mes, el gerente y el refaccionista deberían revisar juntos las reglas principales del inventario.
Deben compararlas con la rotación, el consumo reciente, los vehículos atendidos y los tiempos de entrega. También necesitan revisar la confiabilidad de los proveedores, los precios, el espacio y las unidades disponibles.
En esa misma revisión mensual hay que comparar lo que dice el sistema con lo que realmente está en el almacén.
Si RMX Control muestra ocho filtros y en el estante hay seis, cambiar el máximo no resuelve el problema. Primero hay que aclarar y resolver esa diferencia de inventario.
Entre una revisión y otra, el sistema debe mostrar las existencias, sus movimientos y los puntos de reorden. Así, la reposición ocurre cuando corresponde y no cuando alguien recuerda pedir.
Una regla que nunca se revisa puede seguir aplicándose mucho después de que desapareció la razón para utilizarla.
Prueba las reglas con cinco piezas muy distintas
Elige cinco artículos reales: uno que se utilice mucho y cueste poco; uno caro y de poco movimiento; y un consumible pequeño cuya falta detendría un trabajo.
Agrega una pieza específica de un modelo que cada vez recibes menos y otra cuyo proveedor tarda mucho en entregar.
Para cada artículo, registra su rotación real, los vehículos compatibles, el costo y el espacio que ocupa. Anota el proveedor principal, las alternativas, el tiempo de reposición y los cambios recientes de precio.
Después agrega el máximo, el mínimo y el punto de reorden que utilizas actualmente.
Con esa información, revisa si el máximo permite atender el consumo o sólo acumula piezas. Pregunta también si el mínimo sigue teniendo sentido y si estás haciendo el pedido con tiempo suficiente para cubrir la espera.
Finalmente, comprueba si el proveedor podría mantener parte de esas existencias y si los trabajos que recibe el taller todavía justifican reponer cada artículo.
Si los cinco terminan con exactamente la misma regla, probablemente no estás administrando sus diferencias. Sólo estás llenando casillas.
El inventario correcto evita que el trabajo se detenga sin atrapar el dinero
Un filtro barato puede justificar más existencias que un módulo costoso. Un tornillo puede ser más urgente que una refacción de miles de pesos.
Una pieza cara puede tener mínimo cero si el proveedor responde bien. Y una que antes era indispensable puede dejar de reponerse cuando cambian los vehículos que llegan al taller.
Los máximos, los mínimos y el punto de reorden convierten esas diferencias en decisiones concretas.
En Reevo ayudamos a los talleres a relacionar inventario, proveedores, rotación, espacio y avance del trabajo. Así, el almacén protege la productividad sin convertirse en una bodega de dinero inmovilizado.
No todo el inventario merece el mismo stock. Merece la regla que su uso real puede justificar.
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- El inventario también envejece, aunque siga en su caja.
- El proveedor más barato puede ser la refacción más cara del taller.
- La devolución no empieza en el mostrador. Empieza cuando identificas la pieza.
- Que le quede no significa que sea la refacción correcta.
Herramienta para definir cuánto inventario mantener
Próximamente: Calculadora de máximos, mínimos y punto de reorden.
Relacionará la rotación, el consumo, la compatibilidad de las piezas, su costo, el espacio y el tiempo de reposición.
También considerará la confiabilidad de los proveedores, las alternativas disponibles, las existencias actuales y el dinero comprometido en ellas.
Su propósito será convertir cada nivel de inventario en una decisión que pueda revisarse, no en una cifra que se mantiene por costumbre.
En Reevo Consultoría Automotriz ayudamos a los talleres a convertir la atención, la explicación y la decisión del cliente en un proceso visible, con responsables, evidencia y una siguiente acción. RMX Control relaciona la agenda, la capacidad, la preparación, la promesa y la comunicación para que el cliente no tenga que perseguir al asesor para saber qué ocurre. Hablemos.