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Si baja la carga, no inventes qué hacer. Activa el Plan B

Por Gustavo Huicochea Hernández. Reevo.

Hay mañanas en las que el taller simplemente tiene menos trabajo.

No porque el asesor olvidó la postventa, nadie llamó a las personas interesadas o se dejaron servicios pendientes sin seguimiento. Esas actividades forman parte del trabajo habitual y deberían estar atendidas.

Esa capacidad libre debe identificarse antes de que llegue el día con poco trabajo. Ahí empieza una decisión importante del gerente.

La respuesta no es improvisar tareas para que nadie parezca desocupado. Es preparar un Plan B que permita aprovechar esas horas en mantenimiento, orden, capacitación, análisis y preparación.

El propósito es que, cuando vuelva a aumentar la carga, el taller esté en mejores condiciones para producir.

El Plan B empieza después de haber cumplido el Plan A

Una mañana con pocos vehículos no convierte las responsabilidades pendientes en una estrategia nueva.

En RMX Control, por ejemplo, la postventa debe mantenerse atendida como parte del proceso habitual. Esto incluye servicios pendientes, revisiones programadas, verificaciones, mantenimientos preventivos y llamadas de calidad. También el seguimiento de personas interesadas o clientes inactivos, según corresponda.

Si esos pendientes están abandonados, la primera tarea no es dar mantenimiento al compresor ni hacer una limpieza profunda. Es cumplir lo que ya debía estar haciéndose.

El Plan A consiste en atender las responsabilidades normales del negocio para conservar y recuperar demanda.

El Plan B comienza cuando esas actividades se cumplieron y todavía queda capacidad libre por una condición externa, una variación de temporada o un cambio normal del mercado.

No debe utilizarse para presentar una falla comercial como si fuera una oportunidad de mejora.

La baja carga se ve antes de que llegue

El Plan B no debería descubrirse cuando el técnico ya está parado.

En Reevo utilizamos la ocupación futura como señal: qué parte de las horas disponibles de los técnicos ya está comprometida para los próximos días.

Buscamos que esos días lleguen con más del 60% de la capacidad técnica comprometida. Si la ocupación de pasado mañana ronda el 40% o está por debajo de lo esperado, todavía hay tiempo para recuperar trabajo antes de dar esas horas por perdidas.

Esa recuperación sigue perteneciendo al Plan A.

Incluye el seguimiento de cotizaciones sin respuesta a las 2 horas, 24 horas, 48 horas, una semana y un mes.

También incluye la postventa: contacto de calidad alrededor de los tres días, otro contacto al mes y seguimiento mensual mientras la necesidad siga vigente. A esto se suman la reactivación de clientes, los mantenimientos, las verificaciones y las personas interesadas que ya están registradas.

El objetivo no es contactar por contactar. Es atender con disciplina las oportunidades existentes antes de pagar para llegar a más personas o declarar que “no hay trabajo”.

Si después de cumplir esas responsabilidades la agenda sigue baja, el gerente ya no está ocultando un incumplimiento comercial. Está administrando una variación real de la carga.

Entonces puede decidir, con anticipación, qué actividades internas merecen ese tiempo.

No es “tiempo muerto”. Es capacidad que todavía puedes utilizar

Una hora sin un vehículo al que se le pueda facturar trabajo sigue teniendo costo.

Pero aprovecharla no significa llenar cualquier espacio con cualquier tarea. Significa adelantar actividades que mejoren la disponibilidad del equipo, el orden, los conocimientos del personal o la capacidad futura.

El gerente puede revisar precios, costos, análisis pendientes e información que necesita actualizar.

El área de Refacciones puede adelantar inventarios, revisar máximos y mínimos —las cantidades que conviene mantener de cada pieza—, depurar existencias y preparar información de proveedores.

Los técnicos pueden realizar mantenimiento preventivo de máquinas, revisar el inventario de equipo y herramientas o hacer una limpieza profunda de sus estaciones. También pueden atender tareas de lubricación, actualizar el registro del estado de los equipos o realizar una capacitación ya definida.

El criterio es sencillo: cuando vuelva el trabajo, lo que hicimos durante la baja debe dejar al taller mejor preparado para producir.

El Plan B también se calendariza

Si una actividad realmente importa, no debería quedarse en “cuando tengamos tiempo”.

Cuando se identifica un espacio disponible en la agenda, el gerente asigna los trabajos internos igual que asignaría una orden: con responsable, horario, recursos y resultado esperado.

Por ejemplo, Jorge puede tener programado el mantenimiento preventivo del compresor de 9:00 a 11:00. Otro técnico puede realizar el lavado profundo de las estaciones de 9:00 a 10:30.

Durante esa misma mañana, Refacciones puede revisar una parte del inventario y comprobar sus máximos y mínimos.

Estos bloques pueden registrarse en RMX Control o en el calendario que utilice el taller, junto con la agenda técnica. Así sigue siendo visible cómo se utilizará la capacidad.

La diferencia es que las actividades del Plan B deben poder interrumpirse. Si aparece un servicio que corresponde atender, la prioridad vuelve al trabajo productivo y el gerente reorganiza lo que estaba programado.

Prepara el Plan B antes de necesitarlo

Improvisar consume parte del mismo tiempo que intentamos aprovechar.

Cada área debería tener una lista breve de actividades previamente seleccionadas, con materiales disponibles y una duración aproximada.

No hace falta llenar el taller de trámites. Hace falta evitar que, cada vez que baja el trabajo, alguien tenga que preguntar: “¿y ahora qué hacemos?”.

Una tarjeta visible de Plan B puede ayudar a elegir rápidamente. Las tareas pueden agruparse por puesto o zona y separarse según su duración: de 15 a 30 minutos, de una a dos horas y de media jornada.

La tarjeta no sustituye la asignación del gerente. Le ofrece opciones preparadas para decidir.

También obliga a comprobar que los recursos estén disponibles.

No sirve programar un mantenimiento si falta lubricante. Tampoco pedir un inventario si no existe el formato necesario, ni enviar al personal a capacitación sin definir qué conocimiento o habilidad debe desarrollar.

Esperar una refacción no activa el Plan B

Hay una diferencia importante entre falta de demanda y trabajo detenido.

Si un técnico estaba programado de 10:00 a 12:00 para cambiar amortiguadores y las refacciones no llegaron, sí existe trabajo. Lo que hay es un bloqueo operativo: falta una condición necesaria para continuar.

Ese caso corresponde al jefe de taller.

Como referencia Reevo, Refacciones debería atender y cotizar una solicitud aproximadamente dentro de 30 minutos. Si después de ese periodo sigue sin avanzar, corresponde generar una alerta e identificar al responsable.

Si alrededor de una hora después la refacción indispensable continúa sin confirmarse y el trabajo no puede avanzar, la unidad debe aparecer como detenida. También debe tener una siguiente acción y, cuando corresponda, sus horas pendientes deben reprogramarse.

El jefe de taller debe asignar al técnico otro trabajo que sí esté en condiciones de ejecutarse y cerrarse. Puede ser una Revisión Express, un diagnóstico, otro servicio preparado o la prioridad disponible dentro del taller.

La lógica de Pit Stop protege esa capacidad: una unidad bloqueada no debe seguir ocupando horas programadas como si estuviera produciendo.

Tampoco conviene empezar a desarmar sólo para “avanzar” cuando el siguiente paso depende de una refacción cuya llegada no es confiable.

Ese avance parcial puede dejar inmovilizados el vehículo, la rampa y el espacio, sin acercar la entrega.

Resolver un bloqueo no es Plan B. Es cumplir correctamente el Plan A.

No confundas capacidad libre con un cuello de botella escondido

Antes de asignar trabajo interno, el gerente necesita saber por qué existe un espacio sin ocupar.

Si faltan vehículos porque la demanda sigue baja después de cumplir el proceso comercial, corresponde considerar el Plan B.

Si hay vehículos, pero están detenidos por autorizaciones, cotizaciones, refacciones, falta de asignación o información, primero hay que resolver lo que impide avanzar.

En ese segundo caso puede existir un cuello de botella: una etapa que está frenando el trabajo de las demás.

Darles a todos una tarea interna puede hacer que el taller parezca ocupado y, al mismo tiempo, esconder el problema que debería corregirse.

Estar ocupado no es el objetivo. Aprovechar correctamente la capacidad, sí.

Una oferta flash no es Plan B

Si el taller ya realizó la recuperación de clientes, la postventa y los seguimientos, pero todavía tiene horas realmente libres, el gerente puede evaluar una acción comercial extraordinaria.

Una opción es una oferta flash: una promoción de corta duración y cupo limitado para intentar atraer trabajo a ese espacio disponible.

Sus condiciones deben calcularse a partir del costo, el margen, la capacidad y el objetivo comercial.

No se inventa un porcentaje de descuento sólo porque el día está vacío. Tampoco debe confundirse con la política fija de descuentos del 15%, 10% y 5%.

Esa oferta no es Plan B. Es una decisión comercial para intentar regresar al Plan A.

La promoción debe respetar el margen, los niveles de autorización y el alcance del servicio. También debe dejar registros que permitan seguir lo que ocurrió.

No sustituye una cotización mal hecha, no debe premiar que el equipo abandone el seguimiento y no puede utilizarse para inventar necesidades del vehículo.

Si el taller necesita repetirla cada semana para llenar la agenda, la conclusión no debería ser simplemente “la promoción funcionó”.

Conviene revisar cómo se consiguen clientes, el precio, la propuesta de servicio, el tipo de cliente al que se dirige el negocio y el cumplimiento de las actividades comerciales.

Descansar también forma parte del plan

El descanso programado no es tiempo desperdiciado.

La jornada debe contemplar la comida y las pausas definidas. Por ejemplo, el taller puede escalonar la hora de comida: una parte del equipo sale de 1:00 a 2:00 de la tarde y otra de 2:00 a 3:00.

Así se mantiene la atención sin detener toda la operación al mismo tiempo.

Eso es distinto de convertir de 9:00 a 10:00 en una hora informal de café y comenzar a producir una hora después de la entrada.

La diferencia está en la planeación.

El descanso tiene un espacio definido. Lo que el gerente debe administrar es la capacidad laboral disponible que permanece sin una actividad ni un propósito.

El Plan B debe dejar al taller listo para volver al Plan A

Una buena actividad interna no dificulta innecesariamente el regreso al trabajo con vehículos.

Si llega un cliente que solicita una afinación mientras un técnico limpia una estación o completa un inventario, el gerente puede suspender esa actividad. Registra lo que quedó pendiente y devuelve la capacidad al servicio.

Por eso conviene evitar trabajos internos que desarmen innecesariamente equipo crítico, bloqueen rampas o tengan que terminarse forzosamente en ese momento.

Esto cobra más importancia cuando existe una alta probabilidad de que llegue trabajo durante el día.

La mejor tarea para una jornada con poca carga es aquella que mejora el taller sin dificultar la reorganización del trabajo.

Arma tu tarjeta roja de Plan B

No esperes a la siguiente mañana con pocos vehículos.

Revisa cada puesto del taller y define de cinco a diez actividades internas que realmente mejoren la disponibilidad, el orden, los conocimientos, las habilidades o la información.

Para cada actividad, registra su duración aproximada, los recursos necesarios, el puesto al que corresponde y qué debe cumplirse para considerarla terminada.

Después separa las tareas en cortas, medias y largas. Coloca la lista donde el gerente y el equipo puedan consultarla, y pasa las actividades al calendario cuando se activen.

En la parte superior de la tarjeta, incluye esta regla:

PLAN B SÓLO SE ACTIVA CUANDO EL PLAN A ESTÁ CUMPLIDO Y LA CAPACIDAD SIGUE LIBRE.

Esto evita utilizar “no hay trabajo” como explicación cuando todavía existen pendientes comerciales, postventa sin atender, bloqueos o responsabilidades sin cumplir.

Un taller preparado no necesita inventar productividad

La carga de trabajo tendrá variaciones. Lo que sí puede prepararse es la respuesta.

El Plan A mantiene y recupera demanda mediante las responsabilidades normales del negocio. La ocupación futura permite detectar espacios libres antes de que llegue el día.

Pit Stop ayuda a reorganizar la capacidad cuando el trabajo existe, pero algo impide ejecutarlo.

Una oferta flash puede intentar recuperar demanda de manera extraordinaria cuando realmente quedan horas disponibles.

El Plan B utiliza las horas que finalmente no se vendieron para mejorar las condiciones del taller antes de que vuelva a aumentar la carga.

En Reevo ayudamos a convertir estos escenarios en reglas de actuación, calendarios y responsabilidades claras. Así, el gerente no tiene que improvisar cada vez que cambia el ritmo de la operación.

Una mañana lenta no debería encontrar al taller sin trabajo. Debería encontrarlo con trabajo distinto ya preparado.

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Herramienta para activar el Plan B

Próximamente: Tarjeta Plan B Reevo.

Relacionará la ocupación futura, las acciones de recuperación ya realizadas y la capacidad que realmente sigue libre.

También incluirá las tareas internas por puesto, su duración, los recursos necesarios, el responsable y la evidencia que demostrará su cierre.

Para cada actividad, señalará en qué condiciones puede interrumpirse y a qué hora estará disponible la capacidad para volver al Plan A.

En Reevo Consultoría Automotriz ayudamos a los talleres a convertir el proceso que este artículo ayuda a ordenar en un proceso visible, con responsables, evidencia y una siguiente acción. RMX Control relaciona la agenda, la capacidad, la preparación, la promesa y la comunicación para que el cliente no tenga que perseguir al asesor para saber qué ocurre. Hablemos.

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