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PERSONAS · PROCESOS · CONTROL

Ser dueño no es un puesto

Por Gustavo Huicochea Hernández. Reevo.

En muchos talleres, el dueño interviene en todas las áreas y, al mismo tiempo, no cumple por completo las responsabilidades de ningún puesto.

Un rato actúa como gerente. Después atiende a un cliente, llama a una refaccionaria y entra al taller para revisar una reparación. Autoriza un descuento y termina el día diciendo que hizo el trabajo de cuatro personas.

Puede ser cierto que participó en cuatro funciones. Eso no significa que haya cumplido cuatro puestos.

Un puesto no se define por las tareas en las que participaste durante el día. Se define por las responsabilidades completas que debes mantener y los resultados que necesitas entregar.

Ser dueño es una condición distinta. Eres la persona que arriesgó capital —dinero invertido en el negocio— y espera que la empresa produzca utilidad. Esa condición no describe qué trabajo realizas dentro del taller.

El dueño puede tener dos tipos de ingreso. No deben confundirse

Si el dueño trabaja en la operación, puede recibir un salario por la función que desempeña. Si además es propietario del capital, puede recibir utilidad cuando el negocio realmente la genera.

Son dos remuneraciones distintas: el salario paga el trabajo; la utilidad remunera el capital y el riesgo de ser empresario.

Para separarlas correctamente, el sueldo del dueño que ocupa un puesto debe incluirse en los costos de operación antes de calcular la utilidad. El dinero que retira como pago por su trabajo no se convierte en utilidad sólo porque él sea el propietario. Es un trabajo que el negocio tendría que pagar aunque lo hiciera otra persona.

Como referencia interna de alto desempeño, Reevo utiliza una utilidad neta objetivo mensual equivalente al 13% del capital histórico invertido, es decir, del dinero que se ha destinado al negocio. Esta meta se calcula después de cubrir la operación y el sueldo del dueño cuando ocupa un puesto.

No es un promedio de la industria ni una garantía de resultados. Es una referencia deliberadamente exigente para revisar si el capital produce un retorno —un rendimiento económico— suficientemente atractivo.

Confundir ambos ingresos puede llevar al dueño a asignarse un sueldo alto porque “es el dueño” y después esperar retirar también utilidad. El problema aparece cuando la operación todavía no produce lo suficiente para sostener las dos cosas.

Un puesto se paga por lo que vale en el mercado

Si el dueño trabaja como gerente, su referencia salarial debe ser lo que costaría contratar a un gerente con la capacidad necesaria para esa operación.

Si trabaja como técnico, debe compararse con un técnico de capacidades equivalentes. Si su esposa trabaja medio tiempo como asesora, el puesto no vale automáticamente más por ser familiar.

El parentesco, la propiedad del negocio o la antigüedad no cambian, por sí solos, el valor económico de una función.

La pregunta útil es: si mañana tuviera que contratar a otra persona para hacer exactamente este trabajo, con esta responsabilidad y esta jornada, ¿cuánto tendría que pagarle?

Hacer un poco de todo no equivale a cobrar por todos los puestos

Aquí aparece una trampa importante. Un dueño puede decir que es gerente, comprador, jefe de taller y asesor porque interviene en las cuatro áreas durante la semana.

Pero si ninguna función se cumple de principio a fin, no está ocupando cuatro puestos. Está dejando cuatro puestos atendidos sólo en parte.

Ser jefe de taller no consiste en entrar cuando hay un problema técnico. Implica controlar la ejecución, la calidad, las pruebas y las garantías, además de asignar el trabajo y darle seguimiento.

Ser asesor no es contestar algunos mensajes. Incluye recibir al cliente, comunicar, cotizar, dar seguimiento y mantener registrados los pendientes.

Ser gerente tampoco se limita a autorizar excepciones. Implica dirigir los objetivos, las personas, los recursos y la mejora del negocio.

Si sólo cumples el 15% de las responsabilidades de una función, no basta con decir “también hago ese puesto” para justificar otro salario.

Si cumples varias funciones, puedes recibir una remuneración por ellas. Pero debes demostrarlo

En una operación pequeña puede ser razonable que el dueño cubra más de una función. Puede atender la gerencia, las compras y parte de la asesoría mientras el negocio todavía no tiene suficiente trabajo para separar todos los puestos.

En ese caso, la compensación —el pago por el trabajo realizado— puede reconocer esa combinación. Pero las responsabilidades deben cumplirse realmente y los resultados deben mantenerse.

No se trata de sumar automáticamente tres salarios completos. Se trata de reconocer el trabajo real, qué proporción de cada responsabilidad se cubre y qué nivel de cumplimiento se exigiría a cualquier otra persona.

Si el dueño cobra por varias funciones, también debe responder la misma pregunta que haría a un empleado: ¿estás cumpliendo cada una con el estándar esperado?

El dueño no puede ser jefe y excepción al mismo tiempo

Cuando el propietario ocupa un puesto operativo, debe cumplir el mismo sistema de trabajo que exige al equipo.

Si el gerente tiene que revisar indicadores, el dueño que actúa como gerente también. Los indicadores son datos que permiten evaluar el avance y los resultados.

Si el asesor debe registrar los seguimientos, el dueño que cubre ese puesto también. Si el jefe de taller debe completar los controles de calidad, el propietario no puede omitirlos porque “él sabe cómo hacerlo”.

Ser propietario no sustituye la evidencia de cumplimiento.

Cuando el dueño se permite excepciones, enseña al equipo que el proceso es opcional para quien tiene suficiente autoridad.

Cuando estás en todos lados, pregunta qué puesto queda sin atender

Que el dueño salte de una tarea a otra puede parecer compromiso. También puede ocultar una falta de estructura: responsabilidades que no están bien distribuidas o que los puestos no logran completar.

Si cada vez que un proveedor no responde el dueño llama, cada vez que un cliente se molesta él interviene y cada vez que falta una refacción él la busca, quizá no está demostrando que sabe hacer de todo.

Puede estar impidiendo que los responsables desarrollen la capacidad necesaria para resolver esas situaciones.

Mientras realiza esos rescates, el puesto que él debería cubrir puede quedar abandonado.

Un dueño que se presenta como jefe de taller, pero pasa gran parte del día como asesor o refaccionista, puede terminar cumpliendo sólo el 15% de la función que dice ocupar.

La pregunta no es cuántas cosas hiciste. Es qué responsabilidad quedó sin atender mientras saltabas entre tareas.

A veces el negocio necesita que el dueño elija un solo puesto

Si las funciones combinadas pueden cumplirse con calidad, esa estructura puede mantenerse temporalmente.

Si la dispersión provoca incumplimientos, retrabajos —tareas que deben repetirse o corregirse—, falta de seguimiento o decisiones pendientes, hay que simplificarla.

El dueño necesita identificar el puesto que mejor coincida con su capacidad, lo que le gusta hacer y la responsabilidad que realmente puede mantener. Después debe desarrollar o contratar a las personas que cubrirán las demás funciones.

Concentrarte en un solo puesto no significa perder control. Puede ser lo que necesitas para recuperarlo.

La utilidad no es un salario extra por ser dueño

La utilidad aparece después de cubrir lo que cuesta operar. Eso incluye el sueldo de mercado correspondiente al trabajo real del propietario cuando participa en el taller.

Sólo después de cubrir esa estructura puede evaluarse el rendimiento del capital y compararlo con el objetivo económico que el dueño definió para el negocio.

El punto de equilibrio es el nivel de ingresos que permite cubrir los costos. Si el negocio no lo alcanza, no existe una ganancia económica que justifique retirar dinero como inversionista sólo porque el propietario “necesita ganar más”.

El dueño puede recibir el salario por el trabajo que realmente hace. Su rendimiento como propietario depende de que la empresa genere utilidad sobre el capital invertido.

Este principio protege al negocio de convertirse en la cuenta personal del dueño.

Págate por el puesto. Gana por el negocio

Cobrar por trabajar y ganar por ser propietario son cosas distintas.

El primer ingreso se justifica con funciones, competencias —conocimientos y habilidades—, tiempo y cumplimiento. El segundo se justifica con utilidad.

Confundirlos puede elevar artificialmente la nómina, ocultar puestos que no se cumplen por completo y retirar recursos que el negocio necesita para crecer.

Separarlos permite hacer una evaluación incómoda, pero útil: ¿qué puesto ocupo realmente?, ¿lo cumplo por completo?, ¿cuánto pagaría por alguien que lo hiciera igual o mejor?

Y, además, ¿el negocio produce suficiente utilidad para remunerar mi inversión?

Haz esta prueba con tu propia semana

Revisa los últimos cinco días y anota en qué funciones intervino el dueño.

No hagas sólo una lista de tareas sueltas. Agrúpalas por puesto y compáralas con las responsabilidades completas de cada función.

Después pregunta: ¿qué porcentaje del puesto se cumplió realmente?, ¿qué resultados se entregaron?, ¿qué responsabilidades quedaron pendientes porque el dueño estaba resolviendo otra cosa?

Si aparecen cuatro cargos, pero ninguno se cumple por completo, el primer problema no es cuánto debes pagarte. Es qué puesto vas a ocupar de verdad y quién cubrirá los demás.

En Reevo ayudamos a dueños y gerentes de talleres a separar la propiedad, los puestos, las responsabilidades y la compensación. El propósito es que el negocio pague por trabajo real y que la utilidad sea consecuencia de una empresa que sí produce. Hablemos.

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