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PERSONAS · PROCESOS · CONTROL

Ser el mejor en tu puesto no te hace el siguiente jefe

Por Gustavo Huicochea Hernández. Reevo.

En muchos talleres una promoción empieza con una frase aparentemente lógica: “es el mejor que tenemos; que se haga cargo”.

El mejor técnico se vuelve jefe de taller. El refaccionista más confiable pasa a asesor. El asesor que más vende recibe una gerencia. A veces funciona. Otras veces el negocio pierde a un excelente ejecutor y gana a un responsable que nunca estuvo preparado para el nuevo trabajo.

El error no está en reconocer el buen desempeño. Está en utilizar el puesto actual como única evidencia para un puesto que exige competencias distintas.

Ser bueno donde estás puede convertirte en candidato. No demuestra todavía que estés listo para subir.

SI NO EXISTE UN PERFIL DE PUESTO, LA PROMOCIÓN EMPIEZA CON UNA SUPOSICIÓN

Muchas empresas no tienen definido qué debe saber, hacer y demostrar una persona en cada posición. Entonces, cuando aparece una vacante, comparan al candidato contra una idea vaga: “lleva años aquí”, “conoce el taller”, “es responsable” o “es el que mejor trabaja”.

Un perfil de puesto sirve precisamente para evitar esa improvisación.

No tiene que ser un documento burocrático de diez páginas. Necesita dejar claras las responsabilidades, decisiones, competencias y resultados que corresponden al siguiente nivel.

Con esa referencia puedes comparar a la persona contra el puesto que va a ocupar, no contra el puesto que ya domina.

Quizá tiene liderazgo y criterio, pero le falta aprender Excel, redactar un reporte, interpretar indicadores o controlar gastos. Eso es una brecha desarrollable. También puede ocurrir lo contrario: domina todas las herramientas administrativas, pero nadie confía en él, evita tomar decisiones o no quiere responder por el trabajo de otros. Es otra clase de brecha.

PRIMERO BUSCA SEÑALES DE LIDERAZGO. DESPUÉS ENSEÑA EL OFICIO DEL NUEVO PUESTO.

Antes de pensar en una promoción conviene observar las habilidades menos fáciles de enseñar.

¿La gente lo busca cuando necesita apoyo? ¿Puede explicar y enseñar sin apropiarse del problema? ¿Toma decisiones razonables? ¿Propone soluciones? ¿Escucha? ¿Cumple lo que promete? ¿Es consistente? ¿Acepta responsabilidad?

Esas señales no convierten automáticamente a alguien en gerente. Lo convierten en prospecto.

Después vienen las competencias concretas del puesto. Un futuro gerente puede necesitar presupuestos, control de gastos, indicadores, reportes, planeación, seguimiento, computadora, redacción, reuniones y manejo de conflictos. Un futuro asesor puede necesitar comunicación con clientes, explicación de cotizaciones, seguimiento y uso de sistemas.

En muchos casos es más viable enseñar esas herramientas a una persona que ya muestra criterio, influencia y disposición a responder por otros que intentar construir desde cero esas conductas en alguien que sólo domina la parte técnica.

Pero tampoco todo es entrenable en cualquier plazo. Si la brecha técnica o administrativa es demasiado grande, o el aprendizaje avanza demasiado lento para las necesidades del puesto, la promoción puede dejar de ser viable.

NO LO ASCIENDAS PARA VER SI FUNCIONA. DÉJALO ACERCARSE AL PUESTO ANTES DE DÁRSELO.

Una “prueba de tres meses como gerente” puede parecer prudente, pero tiene un problema: socialmente el ascenso ya ocurrió.

El equipo empieza a tratar a la persona como gerente. La persona empieza a identificarse con el cargo. Si después concluyes que no funcionó y la regresas a su puesto anterior, no estás simplemente terminando una prueba: estás pidiendo que viva públicamente una degradación.

Eso puede dañar la relación, la autoestima y hasta provocar la salida de alguien que antes era valioso para el negocio.

La alternativa es desarrollar antes de promover.

Si un asesor parece candidato para gerencia, el gerente actual puede empezar a acercarlo a responsabilidades reales: “así hago este reporte; ahora hazlo tú”, “revisa estos gastos”, “audita esta parte de la operación”, “propón cómo resolverías este problema”, “preséntame el indicador y explícame qué decisión tomarías”.

La persona sigue conservando formalmente su puesto mientras el negocio observa cómo aprende, decide, comunica y responde.

EL ACOMPAÑAMIENTO TAMBIÉN TIENE QUE TENER UN LÍMITE

Eso no significa cargar durante tres meses dos puestos completos sobre la misma persona.

La etapa donde alguien conserva toda su responsabilidad anterior y además empieza a ejecutar tareas relevantes del siguiente nivel debería ser corta. Uno o dos meses de carga doble intensa pueden ser suficientes para observar compromiso y capacidad; mantenerla indefinidamente termina midiendo agotamiento.

Conforme demuestra competencia, algunas actividades pueden trasladarse progresivamente. Si no existe una ruta real para liberar el puesto anterior, la empresa tampoco está preparando correctamente la sucesión.

LAS RESPONSABILIDADES ADICIONALES PUEDEN TENER UNA COMPENSACIÓN TEMPORAL

Capacitarse para el siguiente puesto exige tiempo y esfuerzo adicional. No necesariamente tienes que otorgar desde el primer día el salario completo de una posición que todavía no ocupa.

Una alternativa es utilizar bonos temporales ligados a responsabilidades concretas durante el desarrollo.

Por ejemplo: una cantidad por asumir correctamente el control de gastos, otra por ejecutar una auditoría operativa, otra por entregar determinado reporte o coordinar una responsabilidad definida.

El bono reconoce el esfuerzo adicional sin convertir todavía la promoción en un hecho consumado. También deja claro que la compensación depende de ejecutar la responsabilidad, no solamente de “estar aprendiendo”.

La condición importante es que esta etapa tenga duración y alcance claros. No debe convertirse en la forma de obtener un gerente barato mientras la persona sigue cobrando como asesor y haciendo dos puestos indefinidamente.

ANTES DE DISEÑAR EL PLAN, PREGUNTA SI LA PERSONA QUIERE ESE FUTURO

Otro error común es confundir potencial con ambición.

Hay técnicos, asesores y refaccionistas excelentes que no quieren dirigir personas. Pueden responder perfectamente por su propio trabajo y no tener ningún interés en cargar con los resultados, conflictos y decisiones de un equipo.

Eso no los vuelve menos valiosos.

Antes de construir una carrera para alguien, pregúntale qué quiere. ¿Busca más responsabilidad? ¿Quiere ganar más y está dispuesto a desarrollar las competencias que eso exige? ¿Le interesa dirigir? ¿Está dispuesto a invertir tiempo adicional durante una transición?

También existen personas que se acercan porque sus circunstancias cambiaron: tienen nuevas responsabilidades familiares, quieren aumentar sus ingresos o explícitamente buscan crecer. Esa ambición no garantiza capacidad, pero sí cambia la disposición con la que enfrentarán el desarrollo.

La promoción tiene que ser una oportunidad que la empresa ofrece y la persona acepta, no una obligación disfrazada de reconocimiento.

ANTIGÜEDAD NO ES LO MISMO QUE DESARROLLO

Los años dentro del taller aportan conocimiento del negocio, relaciones y experiencia. Lo que no demuestran por sí solos es crecimiento.

Una persona puede repetir durante muchos años exactamente la misma forma de trabajar. Otra puede haber aprendido, corregido, ampliado su criterio y asumido retos durante un periodo mucho menor.

Por eso “ya le toca” es un mal criterio de promoción.

La antigüedad puede ser evidencia de permanencia. El siguiente puesto necesita evidencia de competencias.

EL MEJOR EJECUTOR TAMPOCO TIENE LA OBLIGACIÓN DE CONVERTIRSE EN JEFE

El mejor mecánico puede disfrutar resolver vehículos y detestar administrar personas. El mejor refaccionista puede ser extraordinario buscando piezas y no querer hablar con clientes. El mejor asesor puede vender muy bien y no tener disciplina para controlar una operación completa.

Promoverlos únicamente porque son buenos puede castigar precisamente aquello que estaban haciendo bien.

Una carrera profesional no debería tener una sola salida vertical. También puede existir desarrollo dentro de la especialidad, mayor responsabilidad técnica, entrenamiento de otros, proyectos específicos o una mejor compensación sin convertir obligatoriamente a la persona en administrador.

CUBRIR UNA EMERGENCIA NO ES HACER UNA PROMOCIÓN

A veces la realidad no permite esperar el candidato perfecto.

Se va el asesor de servicio y el refaccionista es quien mejor conoce el flujo. No le gusta tratar con clientes y nunca pidió el puesto, pero puede ayudar a sostener la operación mientras se encuentra una solución.

Eso puede ser completamente válido si se nombra por lo que es: una cobertura temporal.

Se le pregunta si está dispuesto, se define qué necesita cubrir, se le acompaña y se compensa el esfuerzo adicional.

Lo que no conviene es convertir una contingencia en una carrera que la persona nunca quiso. “Lo hizo dos meses porque no había nadie más” no demuestra que deba quedarse permanentemente ahí.

ANTES DE PROMOVER, HAZ UNA MATRIZ DE BRECHAS, NO UNA APUESTA

Toma el perfil del puesto que quieres cubrir y separa cinco o seis competencias realmente críticas.

Para cada una escribe tres cosas: qué evidencia ya tienes de la persona, qué necesita aprender y qué tarea real puede demostrar que cerró la brecha.

Si el candidato a gerente necesita controlar gastos, no preguntes solamente si entiende el concepto: entrégale una parte del control y revisa qué hace. Si necesita indicadores, pídele interpretar uno y proponer una acción. Si necesita comunicación, observa cómo presenta una decisión difícil. Si necesita liderazgo, mira si la gente ya acude a él para resolver y desarrollar, no sólo porque tiene autoridad.

Después de varias semanas tendrás algo mejor que una impresión: evidencia de cómo se comporta cerca del siguiente puesto sin haberle comprometido todavía el cargo.

Si funciona, la promoción llega como consecuencia del desarrollo. Si no funciona, no hay que degradar a nadie: simplemente todavía no existe evidencia suficiente para ascenderlo.

UNA PROMOCIÓN DEBERÍA SER LA ÚLTIMA ETAPA DEL DESARROLLO, NO LA PRIMERA

El ascenso no debería ser el experimento con el que descubrimos si una persona puede hacer el trabajo.

Primero definimos el puesto. Después identificamos potencial, preguntamos si existe interés, desarrollamos las competencias faltantes, delegamos responsabilidades progresivas y observamos resultados.

Sólo entonces el nuevo cargo formaliza algo que ya empezó a demostrarse.

En Reevo ayudamos a dueños y gerentes de talleres a definir puestos, detectar talento interno y construir transiciones que desarrollen responsables antes de comprometer una promoción. Porque perder a tu mejor ejecutor para descubrir que nunca quiso ni pudo ser jefe es un costo que se puede evitar. Hablemos.

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