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Si cobras lo que cobra el de enfrente, estás usando sus números para pagar tus gastos

Por Gustavo Huicochea Hernández. Reevo.

Una de las preguntas más comunes en un taller es: “¿cuánto cobra la competencia por hora?”. Conocer esa cifra ayuda a entender el mercado. El error es convertirla en tu tarifa sólo porque alguien más ya la está cobrando.

El taller de enfrente puede pagar otra renta, tener menos equipo y una nómina distinta. También puede tener otra capacidad, otra inversión y un nivel diferente de eficiencia. Su precio puede funcionar para él y dejarte pérdidas a ti.

El precio mínimo por hora no se copia. Se calcula a partir del negocio que construiste.

Ese cálculo también puede mostrar algo incómodo: si mantener tu taller cuesta demasiado para el mercado que atiendes, no siempre podrás resolverlo cobrando más. A veces necesitas cambiar la estructura del negocio.

Primero calcula cuánto debe producir el taller

En Reevo partimos de dos componentes: lo que cuesta operar el negocio y la utilidad que esperamos obtener del dinero invertido.

La relación es:

Objetivo mensual a generar = costos mensuales de operación + utilidad neta objetivo sobre el capital histórico invertido.

El capital histórico invertido es el dinero que se ha destinado a construir y equipar el negocio. La utilidad neta objetivo es la ganancia que el modelo busca obtener después de cubrir los costos que le corresponden.

Como referencia interna exigente, Reevo utiliza una utilidad neta objetivo mensual equivalente al 13% del capital histórico invertido.

No es un promedio de la industria, una tasa financiera que deba aplicarse a todos los negocios ni una garantía de resultados. Es un criterio propio para diseñar la estructura económica del taller.

Ese criterio obliga a revisar si el dinero invertido está justificado y cómo se relaciona con el precio, la capacidad, los costos y la utilidad.

Supongamos que el taller tiene $1,000,000 en activos productivos, es decir, bienes que utiliza para realizar su trabajo. Con la referencia del 13%, buscaría generar $130,000 mensuales de utilidad sobre esa inversión.

Si además operar cuesta $100,000 al mes, el objetivo mensual sería de $230,000. Primero se define esa cantidad; después se calcula cuánto debe producir cada hora.

La hora disponible no es lo mismo que la hora que debes vender

El siguiente paso es revisar la capacidad. En el modelo Reevo utilizamos una base fija de 192 horas mensuales por técnico.

No calculamos la tarifa suponiendo que se facturará el 100% de esas horas. El objetivo operativo es convertir alrededor del 80% de la base en horas facturadas: 153.6 horas por técnico, aproximadamente 154.

Las horas vendidas, programadas y trabajadas permiten seguir el recorrido hasta ese resultado. No sustituyen la comprobación de cuántas horas terminaron facturadas.

Horas facturables objetivo = número de técnicos × 192 horas × 80%.

Con ese dato se calcula la tarifa:

Precio mínimo por hora = objetivo mensual a generar ÷ horas facturables objetivo.

Si el taller del ejemplo tiene cuatro técnicos, dispone de 768 horas al mes. Su objetivo sería facturar 614.4 horas.

Dividir los $230,000 entre esas 614.4 horas da una referencia mínima aproximada de $374 por hora.

No calcules el precio para justificar tu ineficiencia

Aquí aparece un error frecuente. Si hoy el taller vende sólo el 35% de sus horas y calcula la tarifa dividiendo entre esa cantidad, el precio mínimo aumenta considerablemente.

La cuenta puede cuadrar, pero el negocio estaría intentando que el cliente pague por su baja eficiencia.

La lógica Reevo es distinta: calcular con un nivel de aprovechamiento de la capacidad que el modelo considera adecuado —alrededor del 80%— y convertirlo en un objetivo de operación.

Si no alcanzas las horas facturadas previstas, investiga qué lo impide. Puede faltar demanda, es decir, trabajo que los clientes necesiten y autoricen. También puede haber fallas en la revisión, la cotización, la autorización o el seguimiento.

Revisa además las esperas y cualquier otra condición que impida aprovechar la capacidad disponible.

Subir la tarifa para compensar una operación deficiente puede ocultar el problema sin corregirlo.

La hora cuesta lo mismo aunque cambie el servicio

En este modelo no utilizamos una hora barata para mantenimiento y otra más cara para diagnóstico, alineación o trabajo especializado.

La infraestructura ya está disponible y ya costó dinero. El proveedor del escáner no cobra menos porque hoy hagas una afinación. La renta tampoco baja porque el vehículo no necesite la alineadora.

El software, la recepción, la administración, el compresor, las rampas y las herramientas siguen formando parte de la capacidad instalada: los recursos con los que el taller cuenta para trabajar.

Por eso, la tarifa base por hora debe sostener la estructura completa. Entre servicios pueden cambiar las horas necesarias, las refacciones, los consumibles y el alcance, es decir, qué incluye el trabajo.

Lo que no cambia es el criterio económico con el que este modelo valora una hora de esa capacidad.

Una hamburguesa no cuesta lo mismo en todos los negocios

Un puesto en la calle, una cadena de comida rápida y un restaurante pueden vender hamburguesas parecidas. Incluso podrían tener un costo relativamente cercano de ingredientes.

Pero el restaurante también mantiene meseros, personal de supervisión, sanitarios, mobiliario, climatización, televisión, bar y limpieza. Ofrece espacio para permanecer más tiempo y una experiencia distinta.

Todo eso forma parte de lo que necesita recuperar con sus ventas.

En el taller sucede algo similar. El trabajo directo del técnico no explica por sí solo el precio.

Cada hora vendida también debe ayudar a sostener la recepción, la administración, el equipo, las herramientas y las instalaciones. Lo mismo ocurre con las garantías, las evidencias, la capacitación, los sistemas y las comodidades que ofrece el negocio.

Tener más infraestructura no te da derecho automático a cobrar más

La otra mitad del problema es que algo puede costarte más sin que el cliente lo valore más.

Una sala de espera espectacular aporta poco si la mayoría de los clientes deja el vehículo y se retira. Una cafetera costosa, un refrigerador, dos rampas nuevas o una máquina que nadie utiliza pueden aumentar la inversión sin que el mercado esté dispuesto a pagar más.

Tus costos muestran cuánto necesita producir el negocio. El cliente determina si lo que recibe justifica pagar ese precio.

Si agregas infraestructura que tu mercado no utiliza ni valora, no puedes esperar que el cliente pague indefinidamente por esa decisión.

Cada rampa, curso y equipo mueve tu precio mínimo

Cada activo que incorporas aumenta el dinero que el taller necesita poner a producir.

Dos rampas de dos postes pueden ser una buena inversión si ya existe trabajo que necesita esa capacidad. Si las compras porque “siento que un taller debe tenerlas”, pero no hay suficiente trabajo, aumentaste la inversión antes de aumentar la demanda.

Lo mismo puede ocurrir con un escáner utilizado para un solo vehículo, un simulador, una máquina especializada o un curso costoso que aplicas una vez al mes.

El conocimiento puede ser valioso, pero su costo no se cobra completo al siguiente cliente. Se distribuye en la operación y debe convertirse en una capacidad que se utilice con suficiente frecuencia.

Cuando acumulas equipos o habilidades que casi no aprovechas, aumentas el resultado económico que necesitas obtener sin elevar en la misma proporción las horas que puedes vender.

Si la tarifa resulta imposible para tu mercado, no culpes primero al mercado

Supongamos que haces la cuenta y el precio mínimo queda muy por encima de lo que pagan clientes comparables en tu zona.

Antes de concluir que “aquí nadie quiere pagar lo que vale mi trabajo”, revisa cómo está construido el negocio.

¿Qué parte del equipo realmente produce? ¿Hay máquinas sin uso? ¿Compraste capacidad para vehículos que casi nunca llegan a tu zona? ¿Las instalaciones responden a necesidades reales del cliente?

Después revisa la nómina. ¿Los salarios corresponden al valor de esos puestos en el mercado? ¿Hay más personas o funciones de las que necesita la operación? ¿Estás alcanzando la eficiencia objetivo?

Una tarifa alta puede reflejar una propuesta de mayor valor. También puede ser el resultado de malas inversiones y costos mal administrados.

El cálculo no sirve sólo para fijar un precio. También sirve para revisar el negocio.

Una mala inversión no debe quedarse para siempre dentro de tu tarifa

Si compraste un escáner muy caro para un trabajo que sólo llegó una vez, el dinero ya salió. Eso no obliga al mercado a financiar esa decisión indefinidamente.

Primero busca cómo aprovecharlo: promueve el servicio, consigue más trabajos, utiliza mejor sus funciones o desarrolla alianzas. También puedes compartir o rentar esa capacidad cuando sea viable.

Si no existe suficiente demanda, considera vender el equipo.

Al tomar decisiones de gestión, no sigas tratando una inversión claramente sin uso como si fuera capacidad productiva que el cliente debe pagar. Identifícala por separado, reconoce el problema y decide qué hacer con ella.

El precio mínimo debe representar el negocio que realmente quieres operar. No debe convertirse en una forma de cobrar para siempre todas las compras que hizo el dueño.

La nómina también puede elevar artificialmente el costo

El mismo cuidado aplica a los salarios. Si la esposa del dueño trabaja medio tiempo como asesora, su sueldo por esa función debe compararse con lo que pagarías en el mercado por ese puesto y esa jornada.

Si el dueño trabaja como mecánico, su salario operativo debe relacionarse con el de un mecánico que realiza un trabajo equivalente.

Ser familiar o propietario no hace que el puesto tenga automáticamente un mayor valor económico.

El dueño tiene otra forma de obtener un rendimiento: la utilidad que produce el capital que arriesgó en el negocio.

Si mezclas un salario arbitrariamente alto con la utilidad que espera como inversionista, puedes cargar dos veces esa expectativa al taller. Después, el precio que intentas cobrar al cliente aumenta por esa decisión.

El dueño no se paga lo que “siente que vale”

Cuando el dueño realiza una función operativa, puede asignarse un salario razonable por ese trabajo. Su recompensa como propietario es distinta: aparece cuando la operación cubre sus costos y genera utilidad.

Ése es el sentido del retorno sobre la inversión: el resultado económico que obtiene por el dinero que puso en el negocio.

Si el taller no genera lo necesario para cubrir sus costos, todavía no existe una utilidad que justifique retirar lo que el dueño quisiera ganar como inversionista.

Primero el negocio produce y cubre su operación. Después puede remunerar el capital invertido.

La mano de obra debería ser capaz de sostener el taller

En el enfoque Reevo, el taller no debería depender de la ganancia de las refacciones para mantener una estructura que su propia capacidad técnica no puede sostener.

La mano de obra es el servicio que permiten producir los técnicos, las rampas, el equipo, la administración, los procesos, la garantía y la supervisión.

Por eso, su tarifa debe calcularse para cubrir el modelo de negocio y generar el retorno esperado cuando se alcanza la eficiencia objetivo.

La ganancia en refacciones sigue siendo una decisión comercial válida, pero deja de ser un rescate obligatorio. Esto permite mantener un margen, utilizar niveles de precio por calidad, ofrecer paquetes o incluso vender determinadas piezas al costo cuando la transparencia o el precio total formen parte de la propuesta al cliente.

Si el taller sólo obtiene ganancias aumentando el precio de las refacciones porque cobra demasiado poco por su mano de obra, el problema está escondido en las piezas. El cálculo debe permitir verlo.

Esta separación importa porque los trabajos cambian. Una semana puede concentrar afinaciones con varias refacciones; otra, diagnósticos, ajustes o reparaciones que utilizan muy poco material.

No puedes dar por hecho cuántas bombas de aceite, mantenimientos o diagnósticos llegarán. Por eso, en este modelo no se utiliza esa ganancia variable como base para sostener el negocio.

La capacidad técnica sí puede administrarse: número de técnicos, base fija de 192 horas mensuales por persona, objetivo de 153.6 horas facturadas —80%— y precio por hora.

Las refacciones siguen formando parte del resultado. Se consideran una aportación adicional, no la base que justifica toda la operación.

Como referencia, Reevo recomienda multiplicar por 1.4 el costo de las refacciones y de los servicios tercerizados, es decir, encargados a otro proveedor, cuando el taller asume la cotización, la compra, la logística y el seguimiento.

Ese incremento también remunera la devolución, la garantía y la responsabilidad administrativa.

Multiplicar por 1.4 agrega un 40% sobre el costo. La diferencia equivale aproximadamente al 28.6% del precio de venta, antes de otros gastos.

El markup es el incremento calculado sobre el costo; el margen expresa la diferencia como proporción del precio de venta. No son lo mismo, y ninguno corrige una tarifa de mano de obra insuficiente.

Trabajar mucho no significa haber vendido bien las horas

Un taller puede recibir muchos vehículos, mantener ocupados a sus técnicos y terminar el mes preguntándose dónde quedó el dinero.

La pérdida puede empezar con una frase amable: “Déjamelo, aquí lo reviso”.

El técnico dedica una, dos, cinco u ocho horas a encontrar la causa. Nunca se explicó que el diagnóstico era un servicio independiente ni se autorizó qué incluiría.

Cuando se identifica la reparación, el taller intenta recuperar aquellas horas dentro del presupuesto. El cliente ve un importe elevado; el taller ve tiempo que “tiene que justificar”. Faltó una conversación clara desde el principio.

Esas horas no se recuperan por arte de magia. La reparación debe cobrar lo que corresponde a reparar, y el diagnóstico debe autorizarse antes de investigar.

Si se agota el tiempo aprobado, presenta las pruebas realizadas, los valores obtenidos, la conclusión parcial y el siguiente paso. Después solicita autorización para ampliar el trabajo.

Seguir investigando sin informar y obtener esa decisión convierte la capacidad técnica en un costo que queda oculto.

Tu tarifa tiene un piso. El mercado le pone el techo

El cálculo interno establece un piso económico: la tarifa que necesita el modelo para sostener su estructura y obtener el retorno esperado. Cobrar menos impide alcanzar ambos objetivos en las condiciones calculadas.

El mercado establece otro límite. No hay un precio máximo que sea igual para todos los talleres. Existe el precio más alto que tu segmento —el tipo de clientes al que te diriges— está dispuesto a pagar con suficiente frecuencia para mantener las horas de trabajo que necesitas.

En Reevo, el resultado de capacidad se compara con la base fija de 192 horas. Facturar 153.6 horas por técnico, aproximadamente 154, equivale al 80%.

Las horas vendidas son una señal previa dentro del recorrido comercial, no el resultado final.

Si una tarifa más alta reduce de forma sostenida las horas vendidas y después disminuyen las facturadas por debajo de lo necesario, no basta con decir que el cliente “no entiende el valor”.

Hay que revisar el valor que percibe, el tipo de cliente al que te diriges y la conversión, es decir, qué proporción de las oportunidades termina en trabajo autorizado. También deben revisarse la estructura y el precio.

Si el mínimo calculado está por encima de lo que el mercado puede sostener, la cuenta no obliga al cliente a pagar. Obliga al gerente a investigar qué activos, costos o decisiones están elevando la tarifa.

El precio mínimo y el precio que el cliente acepta tienen que encontrarse

Calcular la tarifa no significa ignorar al mercado. Tus costos muestran cuánto necesita producir el negocio. El mercado permite comprobar si el cliente percibe suficiente valor para pagarlo.

Si ambas condiciones no coinciden, necesitas revisar las opciones: aumentar el valor que puedes demostrar, mejorar la eficiencia, reducir costos innecesarios o retirar activos improductivos.

También puedes cambiar el tipo de clientes al que atiendes o rediseñar el modelo de negocio.

Lo que no resuelve el problema es copiar la tarifa del vecino sin saber si te alcanza. Tampoco imponer al cliente un precio construido sobre decisiones que nunca pidió ni valora.

Haz el cálculo y después haz una segunda pregunta

Reúne cuatro datos: los costos mensuales reales de operación, el capital histórico invertido, las 192 horas disponibles por técnico al mes y el objetivo de facturar el 80%: 153.6 horas por técnico.

Aplica esos datos al número de técnicos de tu taller y calcula el precio mínimo por hora con las fórmulas anteriores.

Después no preguntes inmediatamente “¿cómo hago para cobrarlo?”.

Pregunta: “¿Qué parte de este precio viene de una estructura que sí produce valor y qué parte viene de equipos sin uso, nómina o decisiones que debería corregir?”.

Esa conversación convierte la tarifa en una herramienta para dirigir, no sólo en un número para cotizar.

Tu precio refleja las decisiones que tomaste antes

El precio por hora no nace en el mostrador cuando llega el cliente.

Empezó a definirse cuando elegiste el local, compraste las rampas, contrataste al equipo, adquiriste herramientas, pagaste cursos y decidiste qué instalaciones tendría el taller.

Por eso, calcular el precio también permite comprobar si esas decisiones construyeron un negocio que el mercado puede sostener.

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En Reevo Consultoría Automotriz ayudamos a los talleres a convertir el proceso que este artículo ayuda a ordenar en un proceso visible, con responsables, evidencia y una siguiente acción. RMX Control relaciona la agenda, la capacidad, la preparación, la promesa y la comunicación para que el cliente no tenga que perseguir al asesor para saber qué ocurre. Hablemos.

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